miércoles, 3 de agosto de 2011

TIQQUN

Glosario y bibliografía sobre Tiqqun


Ciudad sin sueño (1996)- E. Morente y Lagartija Nick


Este es el índice completamente discutible de algunos conceptos centrales de Tiqqun. Está hecho con pasajes literales que se limitan a condensar esa dificultad inicial de comprensión, nada más. Se ha intentado, pero es de todo punto imposible, una definición más técnica que ahorre la ambigüedad de tales conceptos. No existe ni un solo término esencial que pueda definirse neutralmente. Pretendo pues, de manera harto problemática, acotar una zona, una constelación polémica. De manera que este dudoso glosario apenas enmarca la discusión que debe seguir, si acaso la intensifica. Poned, por tanto, un signo de interrogación en cada uno de estos epígrafes.

-Bloom. Frente a Dédalus, Leopold Bloom es el personaje central del Ulises de Joyce. Representa la existencia "cualsea" (quodlibet) cuya insignificancia le permite asistir al devenir inmanente del mundo. Bloom mantiene también estrechos vínculos con la "existencia cualquiera" del comienzo de La comunidad que viene de Agamben, una indiferenciación, una "idiotez" muda que es el suelo de la singularidad humana. El Bloom de Tiqqun prolonga la alienación del "proletario" en Marx, del "espectador" en Debord -¿y Ortega?-, del "musulmán" de los Lager. Kafka, Walser y el Bartleby de Melville han analizado asimismo este último hombre, acentuando sus borrosos atributos. Con Bloom florece la niebla de la indecisión, máxima expresión de la seguridad en nuestro mundo radiante, idealmente despojado de experiencia.
Recuerda: 22'35, estación de Tribunal. Te cruzas con la bloomitud en ti mismo, observas los semblantes silenciosos de un vagón del Metro, esa disimulación compartida. La humanidad viaja agotada por el papel que representa a diario. Durante horas, han sostenido el guión y el decorado. El sujeto ha quedado reducido al teatro de sus atributos, una especie de potencia impotente: me llamo fulano de tal y existo. Es el estadio final de la separación y del Espectáculo, la normalización de la desposesión en un espectador puro. Esquivando la violencia de vivir en el consenso infinito, el hombre ha caído en esta flexibilidad cadavérica, en la disponibilidad total de un estado larvario. Hasta la depresión de Bloom es larvada. Se ha operado en él una mutación asombrosa por la que el individuo es al fin dividual: nunca sabes con quién estás, ni con qué Stimmung sales tú mismo a la calle, porque, para protegerte en este orden global formateado, has aprendido a flotar en la reserva. Es, dicen ellos, el fin de todos los hechizos: después de desencantar la tierra, le llega el turno el desencantamiento del Yo.
En el Espectáculo todos lo personajes se deslizan en el murmullo: I would prefer not to. En el mundo del siempre-igual no nos pudrimos más en la cárcel que en el Club Méditerranée: la vida está por doquier idénticamente ausente. Para compensar este desvanecimiento interno, se extiende por el páramo "social" un deseo constante de forma, un voluntarismo frenético de la identidad. Entre desocupados y agitados, entre advenedizos y parias vivimos en una oscilación infinitamente misteriosa. Inquilinos de una vida exiliada, practicamos una especie de turismo existencial. El inmigrante que no entiende el entorno es el epítome de nuestro estado normal. Bloom representa el fin del sujeto clásico y el de la objetividad. Sumido en una tonalidad afectiva sin referente, mendigo que no mendiga, encarna la "doble huida" del sujeto y del objeto. Lo real pende suspendido en la violencia autista de la neutralidad, en la erranza de lo idéntico y su eterno domingo: "Dondequiera que vayamos, llevamos en nosotros mismos el desierto del que somos el ermitaño" (TB, 23).

-Forma-de-vida. El Bloom es el hombre medio actual, confundido con su alienación. Humanidad espectral, vacante, ente crepuscular sin realidad ni yo, sobrevive como la pluralidad del vacío, lo indiferente. La política de desaparición defensiva nos lleva a permanecer en el Bloom, a ocultarnos en él, en su doble huida. Disolución sin clase, con la bloomitud el más inquietante de todos los huéspedes se ha instalado en los huesos, en nuestros nervios tardíos. Su indecisión perpetua, su ambivalencia representa la infinita sustituibilidad, la duda sin método ni esperanza de exterior. Personalización de masa, asociación masiva del aislamiento, la apertura extática del Bloom -ese Yo que es un Uno, ese Uno que es un Yo- es precisamente aquello contra lo cual se reinventa continuamente la ficción del individuo y su cuerpo. Pero sin esta ambivalencia del Bloom la mercancía no sería más que un principio puramente formal, si ningún contacto con lo real.
Entre el estruendo del Espectáculo, que quiere que habléis, y el silencio del Biopoder, que quiere que viváis, el Bloom es la eterna adolescencia de la humanidad. Pero encierra al mismo tiempo la más alta posibilidad. Precisamente porque es el hombre del nihilismo consumado, su destino consiste en operar la salida del nihilismo o perecer. En la medida en que no es un individuo, es el umbral de una posibilidad insólita. Y es temido por eso. La forma-de-vida es la polarización íntima de la "nuda vida" en que ha caído el Bloom, su clinamen, su atracción, su gusto. Tal inclinación puede ser conjurada o asumida. Aunque la asunción de una forma-de-vida no es solamente el saber de tal inclinación, sino el pensamiento de ésta. Pensamiento es lo que convierte la forma-de-vida en fuerza. Se trata de un abandono, una caída y una elevación, un movimiento y reposo en sí. No se relaciona con lo que yo soy, sino con el cómo, con cómo -¿Kant?- yo soy lo que soy. Se trata de ser fiel a la inclinación más que a los predicados, a la forma-de-vida como algo completamente distinto a la identidad formateada por "la sociedad".
En la medida en que intenta darle forma a la violencia de lo no elegido, la forma-de-vida es semejante tal vez a la Voluntad de Poder nietzscheana. Por eso dice Tiqqun que hasta la neutralidad es parte de ella, un partido más en el libre juego de las formas-de-vida. En última instancia, se trata de asumir la necesidad íntima de la contingencia, la eternidad de una finitud que carece de determinaciones externas. En todo caso, cada vez que ocurre, la muerte abre un boquete vergonzoso en el tejido biopolítico. El nihilismo consumado que, en realidad, lo único que ha consumado es la disolución de toda alteridad en una inmanencia circular ilimitada, siempre sufre ahí una derrota: en contacto con la muerte, la vida deja súbitamente de ser evidente. La reapropiación de la violencia comienza por acabar con la concepción de una muerte que sobrevendría al término. La muerte es cotidiana, es este empequeñecimiento continuo de nuestra presencia ante la imposibilidad de abandonarnos a nuestras inclinaciones. La Metafísica Crítica, la antropología negativa que permite invertir el Bloom, es "una física que reserva a cada ser su disposición al milagro" (IGC, 6).

Guerra civil. Libre juego de las formas-de-vida, es el principio de su co-existencia. Digamos que brota de una "naturaleza humana" para la cual no hay contrato social: Tiqqun, ciertamente, parece más cercano a Hobbes que a Rousseau. Al fin y al cabo, la violencia es aquello de lo que hemos sido desposeídos y de lo que hace falta reapropiarse para acabar con la hostilidad que ha crecido en este orbe climatizado. No hay sociedad, pero sí una ética de la guerra civil, una ética de la violencia. Guerra, pues, porque la eventualidad del enfrentamiento mutuo no puede ser nunca anulada. Civil porque las formas-de-vida no se enfrentan como Estados, sino como partidos, máquinas de guerra partisanas. Guerra civil porque ignora la separación entre nuda vida y existencia política.
Si el Estado moderno es la continuidad de la guerra civil por otros medios, el Imperio es su conjura global, su control homeostático. Controlar la guerra civil, neutralizarla, es la máxima aspiración del Estado. Precisamente, el bajo nivel de elaboración de la guerra civil en el seno de lo político ha llevado a la confusión sistemática entre hostis y enemigo. Toda forma-de-vida tiende a constituirse en comunidad. Cada cuerpo quiere agotar su forma-de-vida, dejarla muerta tras de sí y después pasa a otra. Ha ganado en espesor y en soltura: ha sabido desprenderse de una imagen de sí. Allí donde estaba la nuda vida ha de llegar a estar la forma-de-vida y esto significa invertir la biopolítica en política de la singularidad radical.
Por lo demás, formas-de-vida semejantes dan lugar a una comunidad anterior a toda decisión, a un encuentro que circula. No hay la comunidad, sino el acontecimiento comunitario, cuyo contagio se propaga. Llaman comunismo al movimiento real que elabora en todo lugar, en todo instante, la guerra civil. La máquina de guerra, existencia dedicada a su inclinación, es la única alternativa a la dicotomía entre Espectáculo y Biopolítica, entre ghetto y ejército, entre lentitud trágico-soviética y agitación cómico-grupuscular. Tiqqun no cree en la Revolución, sino en las revoluciones que comienzan con la huelga humana, la deserción, la secesión de la identidad reconocida. En efecto, todo reconocimiento en el Espectáculo no es más que reconocimiento del Espectáculo. "La guerra civil quiere decir solamente: el mundo es práctico; la vida, heroica, en todos sus detalles" (IGC, 104).

-Tiqqun. Es otro nombre de ese devenir-práctico del mundo, el proceso de revelación de toda cosa como práctica, esto es, en la significación inmanente de sus límites. El Tiqqun es que cada acto, cada conducta, cada enunciado, en tanto acontecimiento dotado de sentido, se inscriba por sí mismo en su metafísica propia, en su comunidad, en su partido. Tiqqun es la redención, la restauración de la unidad de sentido y vida. Es el devenir-real del mundo, el proceso de revelación de toda cosa como práctica: porque es, es verdadera, así, como ella es. Es la acción de devolver a cada hecho su propio cómo, de tomarlo incluso como únicamente real. El Bloom forma parte del Tiqqun, que abre una temporalidad interior a la historia y permite una reparación mesiánica de todas las cosas. Tal inversión de la finitud supone el encuentro con una crisis que recapitula el tiempo y lo abrevia en un ahora.

-Imperio. En contraste con el Estado moderno, el Imperio no niega la existencia de la guerra civil, simplemente la gestiona. De ahí el tono "popular" de este último capitalismo: es la gestión global de la guerra civil, del miedo al hobbesiano "estado de naturaleza". La misma policía, se dice, no está para poner orden, sino para gestionar el desorden. Así como la publicidad se muda en Espectáculo, la policía se convierte en Biopoder. Bajo el Imperio la diferencia entre la policía y la población se ha abolido. Cada ciudadano del Imperio puede, en todo momento, y en un grado de reversibilidad propiamente bloomesca, revelarse como un poli. Como el poder de coerción es el que la masa anónima ejerce sobre cada uno de sus elementos, la perfección del dispositivo de vigilancia reside en la ausencia de vigilantes. Es la conjuración masiva de toda forma-de-vida en una separación capilar, flexible, totalizadora e individuante a la vez. Por eso el individuo resulta dividido en su núcleo. Tal alianza de Espectáculo y Biopoder, tal atenuación internacional de las formas-de-vida, explica que el minusválido, más o menos equipado, represente el ideal de vida.
La deconstrucción es el único pensamiento compatible con el Imperio: disolver, descualificar cualquier intensidad. Bajo su apariencia fatua, tiene una función política precisa: hacer pasar por bárbaro a todo lo que se oponga resueltamente al imperio de la comunicación, por místico a quienquiera que tome su propia presencia como centro de energía de su revuelta, por fascista a cualquier consecuencia vivida del pensamiento. El Imperio nos coacciona incluso con su debilidad, puede su propia impotencia. Como está sostenido por la metafísica impersonal del Uno, no tiene afuera, no reconoce unas afueras que se le opongan. Su obesidad es mórbida, pues la extensión de su metástasis polariza incluso los territorios que no ocupa. Por tal razón el enemigo del Imperio es interior. Es el acontecimiento, todo lo que podría pasar, ese fondo durmiente que amenaza en cada Bloom bajo la forma del riesgo.
La fuerza del Imperio, y al mismo tiempo la frágil positividad de su mundo, proviene nada más que de la suspensión del Tiqqun. Como su mensaje es solamente la mediación indefinida, no necesita más contenido que la ilusión de que existe "la sociedad". No se opone a nosotros como un sujeto, sino como un medio que nos es hostil. Funciona así con la crisis y el estado de excepción como estilo regular, con la urgencia y la alarma del desastre como método normal. Basta con distraer al Bloom de sí mismo, gestionar su crisis larvada. La metafísica del Uno le presta al Bloom ideas, deseos y una subjetividad para que siga siendo la existencia muda en cuya boca el Espectáculo pone las palabras que quiere oír. De ahí se extiende un deseo general de forma para huir de la forma-de-vida. La alianza de nihilismo helado y formación de masas converge en una conminación social cada vez más desorbitada a "ser uno mismo". Gay, tecno, negro o chusma, sea lo que fuere, es preciso que Bloom sea algo, cualquier cosa antes que nada.

A diferencia del Estado de Derecho, el Imperio vive sin existencia jurídica. No la necesita, pues el control ha pasado de la Ley a las normas. El Uno garante de la proliferación reticular de las normas hace que el Imperio sea sólo el último resorte de cada situación. De ahí que pueda aliarse con alguna mafia local, incluso con tal o cual guerrilla. No importa quién controla con tal de que haya control. Bajo el régimen de la norma, nada es normal: todo está por normalizar. El imperio se presentará gustosamente como una red de la cual cada uno sería un nudo. La norma constituye entonces, en cada uno de sus nudos, el elemento de la conductividad social. Sin embargo, como no estamos tan despersonalizados como para conducir perfectamente los flujos sociales, "siempre estamos en falta con respecto a la norma" (IGC, 83).

Partido Imaginario. De un lado la nueva humanidad radiante, cuidadosamente formateada, transparente a todos los rayos del poder, idealmente despojada de experiencia, ausente de sí hasta el cáncer. Del otro, nosotros, esa masa de mundos infra-espectaculares, de parias intersticiales, existencias inconfesables de los que no se encuentran en la tibieza climatizada del paraíso imperial. Nosotros, éste es el plan de consistencia fragmentado del Partido Imaginario como expresión política de la negatividad, del accidente general que arrastra esta sociedad en conflictos parciales, sordos, aislados unos de otros. Este proceso es la otra cara del repliegue que es el Imperio. Al hacer del mundo un tejido biopolítico continuo, el Afuera ha pasado Adentro. El afuera de este mundo sin afuera es la discontinuidad durmiente alojada en los alvéolos de nuestra mundial radiación. Se trata del "enemigo cualquiera", una multiplicidad de prácticas que agujerean el Imperio. Tiqqun es solamente la fracción consciente y anónima de esas prácticas, de ese partido.
La esfera de la hostilidad no puede ser reducida más que extendiendo el dominio ético-político de la amistad y la enemistad. El devenir-real del Partido Imaginario no es más que la formación por contagio del plan de consistencia donde amistades y enemistades se despliegan libremente y se vuelven legibles. El agente del Partido Imaginario es aquel que, partiendo de donde se encuentra, de su posición, prosigue el proceso de polarización, de asunción diferencial de las formas-de-vida. Este proceso no es otro que el Tiqqun. La guerra civil se ha refugiado en todos, el Estado moderno ha puesto a cada cual en guerra contra sí mismo. El imperio, llevando a cabo su guerra a la guerra civil en todas partes, ha propagado en su lugar la hostilidad, aunque bajo el nombre de "economía". Indiferenciada, exenta de toda personalidad, la economía es el odio sordo por todo lo no ocurrido, lo que podría ocurrir. Sin embargo, conocida como existencia singular, cada cosa escapa a la esfera de la hostilidad, volviéndose amiga o enemiga. La ética de la guerra civil que se ha expresado así recibe también el nombre de Comité Invisible. Él marca una fracción determinada del Partido Imaginario, su polo revolucionario. Pero no se trata de una organización, sino de una sociedad abiertamente secreta, un nivel superior de lo real. Territorio metafísico de secesión que adquiere la amplitud de un mundo, el Comité Invisible es el espacio de juego cuya creación positiva puede cumplir la gran migración del mundo de la economía.

Ignacio Castro Rey. Madrid, 13 de febrero de 2009



Claire Fontaine, Consumption
Bibliografía para Tiqqun

La dificultad conceptual, la densidad filosófica y política de Teoría del Bloom e Introducción a la guerra civil es tal que haría inagotable una lista completa de todas las lecturas, directas e indirectas, que están detrás de los dos libros. Además, el contenido doctrinario de Tiqqun, su intento de hacer una "Summa" de la época y del pensamiento, tiene tantas referencias integradas que no sólo resultaría agotador ordenarlas y seguirlas, sino que sería algo profundamente ajeno a la intención de estos agitadores. El intento por parte de Tiqqun de diagnosticar y "superar" la metafísica occidental exige un tremendo esfuerzo intelectual, pero ahorra cualquier rodeo erudito por la historia de la crítica. Tiqqun no se dedica a eso. La cuestión clave es "fisiológica": atreverse a pensar de otro modo lo que nos rodea, esto es, a existir de otra manera.

lunes, 9 de mayo de 2011

Leyendo Testo Yonqui de Beatriz Preciado para que el análisis político no se agote a la altura de la cintura



El cuerpo heterosexual uno de los artefactos con más éxito gubernamental de la sexopolítica decomonónica es el producto de una divisón del trabajo de la carne según la cual cada órgano se define con respecto a su función tanto reproductora como productora de la masculinidad o feminidad.

domingo, 10 de abril de 2011

Paradojas, dislocaciones, potencias del trabajo docente de la escuela media y sus producciones sexuales






Morbos beligerantes
manejan las escuelas de Manchester
cerdos amorfos
mentes cerradas a cal y canto
El Señor Director conduce la tropa
celoso de la juventud
el mismo traje desde 1962
Realiza los pasos militares
sobre mi nuca
Quiero irme a casa
dejar la educación atrás
como quien deja un error
Mitad de semana en el campo de deportes
me aporrea en las rodillas
una patada en la entrepierna
un codazo en la cara
moretones más grandes que platos
Por favor, permítame faltar a gimnasia
tengo un resfrío terrible
La escuela agarra y devora
me patea en las duchas
agarra y devora

The Smiths. El Ritual del Director de Escuela

De los niños revoltosos
que no quieren crecer
hay que encargarse
De las niñas revoltosas
que no se apaciguan
hay que encargarse
Un golpe en la cabeza
obtenés si no pedís
Un golpe en la cabeza
obtenés si pedís

Un golpe en la cabeza
justo obtenés
por ser cómo sos
un golpe en la cabeza
por las cosas que decís
y las cosas que hacés
por ser quién sos
The Smiths La barbarie comienza en casa

Alumno. 1605. tomado del Latín alumnus, “persona criada por otra”, “alumno” y éste del antiguo participo de alere “alimentar”
Estudio. 1220-50. del Latín studium, “aplicación, celo, ardor, diligencia”. Derivados: Estudiante (1462). Studiare: guardar, cuidar.
Joan Corominas. Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana.

Muchos jóvenes reclaman extrañamente ser “motivados”, piden más cursos, más formación permanente: a ellos corresponde descubrir para qué se los usa, como sus mayores descubrieron no sin esfuerzo la finalidad de las disciplinas
Gilles Deleuze. Postadata a las Sociedades de Control

Esta comunicación no pretende ser ni una crítica ni una mera descripción de los acontecimientos presenciados, tan solo un ejemplo más en el mar de los sargazos. Por el contrario, se propone como una reflexión activa para todas aquellas individualidades que políticamente desean ejercer el oficio docente en nuestra región con adolescentes. Asimismo, intentamos al respecto de las así llamadas “cuestiones de género”, fugar del enfoque clásico hacia una revisión post-estructuralista. El primero supone al género como un set de conductas prescriptas sobre un cuerpo natural biológico. Este acercamiento, lamentablemente, ha redundado en posturas esencialistas y biologisistas que reprodujeron y aún hoy reproducen los mismos presupuestos que intentaron atacar. Al mismo tiempo, descartaron la posibilidad de realizar alianzas estratégicas por objetivos que afectan discriminatoriamente a otras expresiones de género incluso más subalternas que las mismas mujeres. Mientras que el enfoque post-estructuralista supone al género como una matriz de inteligibilidad ideológica creada por y a partir del advenimiento del capitalismo, a partir del cual se construirá el dato biológico llamado cuerpo (Fausto-Sterling, 2001; Laqueur, 1996; Butler, 1990). Esta última noción es heredera de la idea del poder productivo (contra la dialéctica opresora de Hegel) de Foucault que veremos aplicada en nuestro pensamiento. Finalmente, apelamos a una revisión crítica de la noción de institución como equipamiento sociocultural, cuya función antropológica de producción de subjetividades resulta a nuestro juicio insoslayable.

Titulares
Sábado 31 de octubre 2009. Diario Clarín. Sociedad. Abuso en Mendoza. Echan a la directora y sancionan a 11 alumnos, dice el titular amarillista. La noticia no me abandona, en especial el hecho de que la directora, Adriana Lauro – acusada de no preservar la integridad mental y física de los alumnos y destituida de su cargo-, “no le cree” a la adolescente de 16 años. Fue “un juego sexual”, afirma la responsable de Orientación Psicopedagógica de Escuelas. La adolescente relata:
“Todo sucedió cuando la preceptora dijo que teníamos hora libre. Entraron mis compañeros y escuché que trabaron la puerta del lado de afuera. Me sacaron la billetera, forcejeamos, les dije que me dejaran…y uno me subió arriba de la mesa. Ahí se arrimaron todos para tocarme”.
Como si esta escena de miedo no fuera suficiente, su padre comenta al mismo diario: “le abrieron las piernas y los glúteos.” Frente a la remoción de la directora, 200 estudiantes de la escuela Pesce Scarso se movilizaron para pedir que fuera restituida a su cargo. La tentación a la dicotomía es muy grande. A favor o en contra, culpable o inocente, adentro o afuera. Todo el mundo tiene un veredicto: sobre ella, la estudiante más que nadie, sobre sus compañeros, también. De fondo resuena la baja de la imputabilidad. Y entre líneas, ATORRANTA, eso le pasa por PUTA. El saldo: casi todos quedaron libres. Ella está recibiendo clases en su casa, no quiere volver.
Sin embargo, incluso el Dossier de Materiales de Trabajo para la Formación Docente 2004 del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, anteriormente citado, reconoce que la escuela es uno de los lugares de mayor preponderancia del registro binario a través de enunciados y prácticas, en los modos de socialización de los estudiantes. ¿Cómo detener los juicios (morales y de valor) para construir puertas? ¿Cómo dejar de ser víctimas (pasivas) para devenir sobrevivientes? Participio presente activo del verbo sobrevivir de insoslayable riqueza semántica. Abandonar el campo de Marte, dios de la guerra, para deconstruir binarios y construir nuevos mundos, y una enseñanza crítica, incluso de los presupuestos sobre sexualidades, expresiones de género y corporalidades.
En sus desarrollos del concepto de implicación, inspirado en la noción antropológica de reflexividad, el sociólogo René Lourau se refiere a la implicación simbólica como aquella que más acontece y menos se piensa, la que nos posiciona como sujetos del lenguaje y nos posibilita vincularnos y relacionarnos, establecer entramados de parentesco y afinidades que modelan inacabadamente nuestra identidad sociohistórica y cultural. Dicho estrato de subjetivación es el más próximo a las catexis inconscientes de deseo (Deleuze & Guattari. 1985) pero no por ello se encuentra desconectado de las catexis preconscientes de clase. Nos atrevemos aquí a incluir a las catexis de género como aquellos vectores libidinales de subjetivación que no remiten ni a una segmentación de clase preconsciente, ni a una producción deseante propiamente inconsciente. Si concordamos con la concepción esquizoanalítica del deseo como revolucionario, las catexis de género sobrecodifican el deseo, produciendo una coagulación que se materializa en el par masculino-femenino. Si la implicación en sentido amplio remite al saber y no saber de la multiplicidad de relaciones del sujeto con el sistema institucional, la implicación simbólica es la más brumosa, aquella que remite a los segmentos de subjetivación más resistentes a su desnaturalización. La segmentaridad de género puede ser así considerada como uno de los estratos de la implicación simbólica. Baste un ejercicio de auto-observación y reflexión, preguntándose acerca de la propia condición de género, los propios gustos sexuales y aquellos vividos como refractarios.

El don de Creer
Más acá desde donde escribimos este trabajo, en el barrio de Parque Patricios, la Sra. T ejerce como profesora de Química. Dada la trayectoria de la Sra. T como docente de escuela media, investigadora y formada en la carrera docente de la U.B.A., no es concebida ni como caso aislado ni en su valor individual sino tomada como representante del discurso avalado, toda una informante clave de la institución escolar y sus dinámicas de poder microfísicas, moleculares:
“Es necesario concebir el discurso como una violencia que se ejerce sobre las cosas, en todo caso como una práctica que les imponemos; es en esta práctica donde los acontecimientos del discurso encuentran el principio de su regularidad. (…) no ir del discurso hacia su núcleo interior y oculto, hacia el corazón de un pensamiento o de una significación que se manifestarían en él; sino, a partir del discurso mismo, de su aparición y de su regularidad, ir hacia sus condiciones externas de posibilidad, hacia lo que da motivo a la serie aleatoria de esos acontecimientos y que fija los límites”. (Foucault. 1999: 53).
Ella es la madre de la mejor amiga de una de las compañeras del equipo. Pese a eso, off the record (por eso, el socio-lingüista William Labov no usaba grabador en sus trabajos de campo), la Sra. T revela que tampoco cree siempre en lo que dicen sus estudiantes, en especial las estudiantes asignadas a un sexo: mujer. En la escuela normal el embarazo no deseado corre como agua pero el enfoque de género sobre la educación secundaria se encuentra en el desierto. La Sra.T atiende y reproduce los comentarios vox populi de su comunidad institucional al comentarnos -acerca de una de sus estudiantes que dejó de asistir a la escuela porque quedó embarazada tras ser abusada- “se dice que trabaja de prostituta”.
La adolescente en cuestión, de acuerdo al relato que de ella hace su docente/tutora a cargo, parece un caso típico de la tarjeta postal de la agenda de género de las escuelas: 16 años, madre soltera (al momento de la producción de este trabajo), sin padres, vive -justamente- con unos tíos/padrinos. Pese a las estadísticas que son de público conocimiento, donde las posibilidades de ser “víctima de maltrato y/o abuso” son de 5 a 1 en el interior de la familia, la Sra. T afirma “yo no le creí”. Tal como afirma la Lic. Fernández “El silenciamiento de la violencia parece ser el que preserva la unidad de las familias actuadoras de incestos…” (Dossier. 2004: 42). El pudor de ser la madre de la mujer amiga de nuestra compañera nos tapó, a nosotras también, la boca, y no pudimos preguntar: ¿por qué no le creíste? Sin embargo, la Sra. T no siempre es incrédula. Ella (le) cree a otra de sus estudiantes, una que oculta su embarazo, producto de una relación con un compañero de curso, cuando afirma que su mamá la quiere obligar a abortar (sic). En su función de tutora, cita a la madre para hablar de este hecho, y ésta relata que es el padre quien quiere que aborte, no ella, que ella “le va a criar el hijo a su hija”. A su vez, la Sra. T, responsable y preocupada, pues no se trata aquí de una cuestión de omisión en su función, cita a los padres del chico devenido padre. Sorprendentemente, para la docente, éstos hablan de las malas notas del hijo. ¿A él y a su “deseo” de ser padre quién lo escucha?
A partir de estas primeras viñetas podemos postular un primer corolario de educación de género en la estructura escolar: las cuestiones de género que tienen a las mujeres como protagonistas indiscutibles de las inequidades e injusticias por motivos sexuales, también afectan de manera directa a los individuos biopolíticamente asignados al sexo varones, quizás de modos menos visibles pero no por eso menos sensibles, o con marcas menos indelebles. Desde esta perspectiva ni binaria ni maniquea es posible desmarcarse tanto de la nota del diario Clarín como de los acontecimientos acaecidos en dicha escuela para encontrar líneas de fuga a las producciones genéricas institucionales que permitan habilitar las potencias inmanentes a los cuerpos y sus resistencias como sobrevivientes, más que como víctimas pasivas de un sistema opresor o como jóvenes victimarios irrecuperables.

Gente como uno
El cuerpo es territorio de atravesamientos de significación sexual entre los cuales la escuela, a partir de la Ley Nacional de Educación, obligatoria para todxs, no está exenta. Sin embargo, una pregunta emerge ¿por qué y cómo se hizo de la construcción de la sexualidad una experiencia moral y, como toda moral, una experiencia trascendente?
Siguiendo a Ana María Fernández:
“Una investigación de la Unesco de 1985 señala que gran parte de las jóvenes de sectores populares de América Latina no consideran que sus cuerpos les pertenezcan hasta el punto de que la violencia u opresión sexual no puede ser visualizada por ellas como un asalto a la libertad… aun adultas aceptan las demandas sexuales del hombre como una obligación para satisfacerlo y que en su mundo no hay lugar para la anticoncepción.” (Dossier. 2004:52)
Asimismo, esta psicóloga sostiene que las cuestiones de género y avasallamiento de las sexualidades adolescentes -como en estos dos casos- entrecruzan sexos con clases sociales en un entramado que no suele ser fácil de deconstruir o visibilizar:
“El hecho de que niños/as sean víctimas del maltrato parental, de abuso sexual, de ataques incestuosos, etc. no tiene una propiedad de clase. Generalmente preferimos verlos como productos indeseables de la pobreza porque resulta insoportable para las buenas consciencias reconocer que estas cuestiones ocurren muy cerca nuestro, a veces en nuestras propias familias.” (Dossier. 2004:13)
La problemática de la sexualidad (la del género, la de los cuerpos) no se trata solamente de informar sobre métodos anticonceptivos (necesarios y fundamentales, sin duda, pero no a disposición de lxs jóvenes, tal como releva el informe “Monitoreo del Cumplimiento de la ley 418 de Salud Reproductiva y Procreación Responsable en doce hospitales de la Ciudad de Buenos Aires, a dos años y medio de su sanción” (Marzo de 2003) a cargo de Stella Regairaz, Abogada, y María del Carmen Brion, Investigadora Feminista en Salud Reproductiva; a pesar de la Ley 25.673 -sancionada el 30 de Octubre de 2002- que creó el Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable). Por el contrario, y conjuntamente con el fácil acceso y circulación de los métodos de anticoncepción creemos en la generación de condiciones para que lxs jóvenes se apropien no sólo de sus cuerpos reales sino de sus potencialidades de resistencia contra los avasallamientos (sexuales, afectivos, etc.) apelando a dispositivos múltiples como grupos de autodefensa, talleres de reflexión, o estrategias creativas como distribución y confección de contrainformación. De acuerdo a Epstein & Johnson: “En las escuelas…la sexualidad está por doquier y en ninguna parte…son ámbitos de importancia para la producción y la regulación de las identidades sexuales tanto dentro de ellas mismas como en el mundo exterior.” (Dossier, 2004:122) En este orden de cosas, la escuela media produce una serie de paradojas, en nuestra lectura, intrínsecas a esta institución prima hermana de otras instituciones totales de encierro.

Paradojas
La primera paradoja podría ser expresada por la siguiente formulación: la represión sexual escolar no anula la sexualidad sino más bien produce un tipo específico de sexualidad represiva, uno de cuyos efectos es la producción de un modo de intercambio social en la escuela dentro del entramado de circulación del poder en ese espacio. Esta paradoja institucional no sólo reprime sexos, géneros y sexualidades sino que, siguiendo a Foucault (1975), al hacerlo los produce:
“…las escuelas hacen todo lo posible por prohibir las manifestaciones de la sexualidad tanto de alumnos como de profesores…las manifestaciones de la sexualidad constituyen un importante recurso y una valiosa moneda de cambio en las relaciones diarias de la vida escolar…las formas que tiene la sexualidad de presentarse en las escuelas y los términos en que se producen las identidades sexuales están fuertemente determinadas por las relaciones de poder entre docentes y discentes, la dinámica del control y la resistencia…” (Dossier, 2004: 122-3).
La sexualidad, indiscernible en esta paradoja, directamente determinada por el sexo anatómico y el género, se introduce en la escuela en todas partes y en la multiplicidad de relaciones de poder que en ella se instauran, como los muertos/desaparecidos en el poema de Perlongher, Cadáveres: “…en las fantasías y las expectativas sobre destinos futuros, al hablar de los íconos culturales populares, en las habladurías de los profesores sobre otros compañeros, y en los juegos en el patio, y en las conductas de acoso y amenaza, y en lo que se dice.” (Dossier, 2004:128) Y también en la relación docente/estudiante que integra el dispositivo por el cual se puede filtrar el abuso del vínculo apasionado de lxs adolescentes.
Apelamos aquí a una enseñanza de Foucault: el funcionamiento de un dispositivo se revela menos por sus objetivos que por sus metodologías. La Ley 25.673 establece sin duda objetivos plagados de buenas intenciones -imposible no recordar aquí el enunciado deleuziano acerca de las buenas intenciones forzosamente castigadas- pero será en las metodologías concretas observadas en el campo institucional escolar donde la insuficiencia del discurso jurídico se revela indubitablemente. Como dijimos, en la formación total de la conducta en la escuela, espacio donde -tradicionalmente- todo el tiempo se inculca un saber-poder productor de subjetividades, la heterosexualidad femenina, necesaria para alejar los “fantasmas” de otras sexualidades no de acuerdo a la norma, “…puede dividirse entre la imagen de la pureza… y lo explícitamente sexual: la puta, en la iconografía occidental.” (Dossier, 2004:132).
Aquí en la producción de una subjetividad hetero-femenina emerge, como segundo enunciado, la paradoja del chivo expiatorio: la sexualización de las estudiantes, especialmente las que ostentan prácticas y ejercicios sexuales “problemáticos” para las instituciones, es el intento desesperado de desexualización de la escuela, desexualización necesaria, como vimos, para producir una sexualidad hetero-femenina. Así, tan producidas como estigmatizadas, la represión del cuerpo que sobre ellas recae es una primera fase que antecede a una segunda de recreación de sus cuerpos, asignándoles un devenir mitificado de mujer hipersensual que expresa la sexualidad negada y reprimida en todo el espacio escolar, no sólo a las otras estudiantes -sus compañeras- sino también al cuerpo docente.
La implicación simbólica lourauniana desarrollada supra, así como sus procesos de segmentarización subjetiva, admiten aquí una revisita crítica. Si la sexualización de las jóvenes “díscolas” es posterior -y a su vez condición general- a una negación generalizada de la sexualidad en la escuela, la segmentaridad de género sufre variaciones y modulaciones inmanentes a la dinámica de la institución escolar. La segmentación subjetiva de género no es lineal ni está dada de una vez y para siempre, sus intensidades y duraciones obedecen a diversas urgencias que la escuela intenta gestionar, administrar, normalizar.
De esta manera arribamos a nuestra tercera paradoja: la joven escolarizada y su sexualidad es vista como víctima, pero tratada como culpable. Conducta ésta fomentada y difundida entre pares y docentes que se desprende de lo que Judith Butler explica acerca del funcionamiento del sometimiento y su deseo:
“La idea de que el sujeto está apasionadamente apegado a su propia subordinación ha sido invocada cínicamente por quienes intentan desacreditar las reivindicaciones de los subordinados…si se puede demostrar que el sujeto persigue o sustenta su estatuto subordinado entonces la responsabilidad ultima de su subordinación quizás resida en él mismo. Por encima y en contra de esta visión, yo argumentaría que el apego al sometimiento es producto de los manejos del poder y que el funcionamiento del poder se transparenta parcialmente en este efecto psíquico, el cual constituye una de sus producciones más insidiosas.” (Butler. 2001:17. El subrayado es nuestro).

Estas jóvenes victimizadas pero culpabilizadas no pueden devenir sobrevivientes, al no poder ser acompañadas en la producción de un agenciamiento que posibilite la administración autogestionada de sus propios deseos (cualquiera sean), y que les permitan, a su vez, el ejercicio de una sexualidad recreativa y libertaria, línea de fuga del instituido de la maternidad, en el cual parecen reterritorializarse una y otra vez, como un destino biológico inevitable en el entramado etnia/género/clase, mediante prácticas pedagógicas que no deberían ser sólo momentos o clases especiales: el enfoque interdisciplinario de género que sugerimos es, de algún modo, una forma de existencia contra la dominación. De acuerdo a Epstein & Johnson las razones para que esta dicotomización se produzca dialécticamente en el ámbito escolar responde a motivaciones intrapsíquicas: “…la importancia que el cuerpo docente le da a las mismas (las estudiantes con sexualidades problemáticas) prueba la fascinación oculta que provocan figuras estigmatizadas. Al construirlas como “Otra” también las construyen como un objeto de deseo” (Dossier. 2004: 145) proceso cuya efectuación subjetiva otorga sentido a nuestra cuarta paradoja: el deseo y la fascinación por la Otra, construida como tal y para tales efectos, sólo se puede tramitar en la asepsia impoluta de la escuela, al devolverlas al sistema como excluidas.
Asimismo, la vida sexual ejemplar del profesor significa “ser heterosexual, estar casado, y en el caso de las mujeres tener al menos hijos ya en edad escolar, identidad sexual que se vincula al papel del “guardián moral”…”. La Sra. T, nuestra profesora, responde bien a ese modelo: felizmente casada (aunque nuevamente off the record nos enteraremos que comenzó intensivamente con la docencia escolar ante el desempleo del marido), con dos hijxs estudiantes universitarixs, que si bien formadxs en la escuela pública estatal, no dejará de hacer notar que se trató de escuelas distintas a ésta donde ella ejerce, “porque hay escuelas y escuelas”, dirá. Escuelas a su vez, clásicamente diferenciadas por sexo -y por niveles- en el acervo popular: su hija menor (24 años), estudiante de una carrera humanística, a su vez casada y a la espera de un bebé, estudió en el Lenguas Vivas; su hijo, el mayor (26), que vive aún en la casa familiar, estudiante, como ella de Química, una carrera científica, estudió en el Nacional Buenos Aires. De acuerdo a Guacira Lopez Louro, el proceso de escolarización del cuerpo y la producción de los géneros demuestra cómo la escuela practica la pedagogía de la sexualidad, el disciplinamiento de los cuerpos: “…la sociedad busca “fijar” una identidad masculina o femenina “normal” y duradera…identidad heterosexual.” (Dossier. 2004:9)

La pasión del vínculo
El abuso del vínculo apasionado supone el abuso sobre un ser que necesita como condición sine qua non para no cesar de existir los cuidados psíquicos, físicos y espirituales de las personas que la tienen a su cargo. Así es que ciertos espacios cerrados (por ejemplo, la escuela y mayormente la familia, solidaria con la primera) vienen a querer significar una vigilancia permanente sobre los individuos por alguien que ejerce sobre ellxs un poder y que, porque ejerce ese poder, tiene la posibilidad no solo de vigilar sino también de constituir un saber sobre aquellxs a quienes vigila. Es éste un saber que se caracteriza por tratar de verificar si un individuo se conduce o no como debe. ¿De qué modo el poder produce a sus sujetos, cómo éstos acogen al poder que los inaugura en una inteligibilidad? El deseo de supervivencia, en nuestro caso de lxs niños que fuimos y somos, el deseo de ser, de spinozianamente perseverar en nuestro ser y no cesar de existir, es ampliamente explotable por el poder al nivel de la estructura psíquica de la interpelación: para existir hay que ser sujeto (es decir estar subordinadx). La subordinación no sólo forma al sujeto sino que además le proporciona su condición de posibilidad. El cariño del niño o la niña es anterior al juicio y a la voluntad: cuidadxs y alimentadxs aunque más no sea de modo “aceptable” sentirán amor. Más tarde, tal vez, podrán discriminar a quiénes aman. Seguimos a Butler (1997) cuando afirmamos que para poder persistir psíquica y socialmente, debe haber dependencia y formación de vínculos, y no existe posibilidad de no amar cuando el amor está estrechamente ligado a las necesidades básicas de la vida. Las niñas carecen de, o agencian en mucha menor medida dentro de las instituciones cerradas tales como la familia o la escuela, la capacidad de odiar, por lo menos no en su totalidad. Privadas de nuestra capacidad de defenestrar, cual síndrome de Estocolmo, solo podemos identificarnos y ver como deseable la manera en la que se nos interpela. Por eso, coincidimos con Butler en que “…el adulto imponga de manera unilateral cierta sexualidad, ni de que el niño fantasee de manera unilateral con cierta sexualidad, sino de que explota el amor del niño, un amor que es necesario para su existencia, y se abusa de su vinculación apasionada.” (Butler. 1997:18). El poder no solo actúa para dominar u oprimir a los sujetos ya existentes sino también para formar/ producir sujetos. Butler pregunta, “¿De qué manera el sometimiento del deseo exige e instituye el deseo por el sometimiento?” (ibídem: 30). Así el abuso del vínculo apasionado en relaciones de parentesco llamadas familiares forma ciertos tipos de sujetos, con ciertas prácticas y conductas, deseosos de reproducirlas ni bien tengan la oportunidad sobre sus propias crías. Dar cuenta del deseo de la norma, y del deseo de sometimiento, es en última instancia el deseo de existencia social, explotado por el poder regulador de lxs progenitorxs aniquilantes, conducta naturalizada en todas sus prácticas -incluso intangibles- y vistas como “amor”: “Cuando las categorías sociales garantizan una existencia social reconocible y perdurable, la aceptación de esas categorías, aun si operan al servicio del sometimiento, suelen ser preferible a la ausencia total de existencia social” (ibidem:31). En la medida en que operan como fenómenos psíquicos, restringiendo y produciendo el deseo, las normas rigen también la formación del sujeto y circunscriben el ámbito de la sociabilidad vivible. El funcionamiento psíquico de la norma ofrece al poder regulador un camino más insidioso que la coerción (o abuso) explícita, cuyo éxito permite su funcionamiento tácito a través del campo social. Para entender la vinculación apasionada baste señalar este caso: un camionero de 42 años pasó 20 meses detenido, acusado por su hija, en el momento de la denuncia de 17 años, “falsamente” de violación (http://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/474053.lo-acusa-hija-falsamente-de-violacion.html,http://www.moglik.com/foro/curiosidades/acuso-a-su-padre-de-violacion-pero-era-mentira/msg76493/). La abogada defensora, Claudia Mirele, dijo en declaraciones publicadas por el diario Clarín que la joven mintió para vengarse de su padre, porque éste "era demasiado recto y quería que sus hijas fueran personas de bien, que estudiaran y que honraran a la familia" y agregó:
"La principal bronca de la chica hacia su papá era el control estricto del hombre hacia sus cinco hijos. Mi cliente es camionero, pero había llegado a la universidad y para alimentar a su familia dejó de estudiar. Entonces, quería que sus hijos estudiaran y que no fueran vagos. Era un padre rígido que ponía controles".
En tanto que el fiscal de la Cámara del Crimen Córdoba, Marcelo Altamirano, declara que:
"Fue un hecho desgraciado. En caso de que no haya secuelas físicas en la denunciante, la Justicia debe construir desde los indicios. La menor, luego de la denuncia, explicó que su padre era inocente. Pero en su momento se temió que la joven hubiera sido amenazada para que diera otra versión de lo sucedido". (El subrayado es nuestro)
El camionero Jorge, quien confesó haberse equivocado porque trataba a su familia como un cuartel militar, amenazando con no comprarle zapatos ni ropa a sus hijxs si las notas no alcanzaban el 8, o que no les permitía ir a bailar ni tener novio, ha producido las condiciones que posibilitaron que su hija se desdijera de una primera denuncia de abuso ( y a quien los recortes periodísticos y el aparato legal desplegado no han hecho más que infantilizar, suponiendo que denuncia “forzada” por terceros). Al recuperar su libertad, Jorge salió llorando y se abrazó con Analía, su esposa, quien lo esperaba junto al resto de su familia, entre quienes se encontraba la hija, a la cual le tendió la mano y le dijo: "Vení hija, te perdono".
La asimilación del insulto
Suena el timbre, cuatro chicas permanecen en el aula. Dos de ellas comienzan a “pelear”. La Sra. T les grita “¡No se peguen!” Como si estuviéramos en una escena familiar (tal como la profesora ha definido esta institución en una entrevista previa: “amena”, “con clima familiar”. ¿Acaso no es la escuela el segundo hogar?), una se defiende “No nos estamos pegando”. La otra se queja, rauda, y con el dedo acusa, singulariza, reclama juicio y castigo, aprende a erigir jueces, y autoriza a la líder: “Es que ella me molesta”. La Profesora, imparcial, concluye: “Bueno, entonces, no se toquen”. No se toquen es la oportunidad que todas estaban esperando para subirse a la estereotipación: “Salí, lesbiana”. La Sra. T, silente, ¿registra acaso que lesbiana no es (o al menos no debería ser), utilizado como un insulto? ¿Brinda las herramientas para resemantizar, resignificar o incluso re-utilizar ese “insulto” por parte de estudiantes que se apropien de la identidad estratégicamente para atacar la dominación en clave queer? Nadie oye nada. Ciegas todas ríen. El fantasma se aleja.
¿A qué ceguera referirse aquí sino a la implicación simbólica de género, no sabida pero no por ello menos eficaz? La generización atraviesa en esta escena a todas las mujeres implicadas, más aún a la Sra. T, madre de familia de dos hijxs que han cumplido con creces los mandatos sociales instituidos. La figura fantasmal, siniestra, de la lesbiana se revela en la escena como un fantasma inconsciente de grupo, exterior a subjetivaciones edipizantes.
Inmediatamente entra otra estudiante, con unas viandas que el Gobierno entrega de manera gratuita a esta escuela. Una de las chicas supuestamente “agresivas” le grita desde atrás que quiere una, y la otra se la tira a la cara (estos son los gestos y los modos que la profesora en la entrevista no puede tolerar por agresivos). Esta vez, la Sra. T sí reacciona y las reta porque tiran la comida. Jugar con la comida, en un país donde la gente come de la basura, todo el mundo lo sabe, es pecado. La postal es riquísima, todo un analizador de la transmisión del llamado currículum oculto en las instituciones escolares. Por un lado, reafirma lo expresado por Morgade sobre el permiso para el uso de la violencia dentro de la institución escolar por parte de las mujeres:
“…se castiga más severamente a las chicas que a los varones cuando transgreden la misma norma referida al comportamiento (…) A los varones se les perdona más el empleo de la violencia o (…) no se les enseña de manera sistemática a resolver problemas de forma no violenta”. (Dossier. 2004: 69)
Por otro lado, muestra cómo alejar el fantasma de la homosexualidad/lesbianismo es una condición fundamental dentro de la escuela para la construcción de géneros normales heterosexuales (cuerpos y prácticas normalizados) ¿Será en última instancia el embarazo adolescente “más deseable” que el lesbianismo? Sin embargo, jugar no es tirar, y la ansiedad sexual no tramitada no se suprime con el reto.
Si, como parece ser, el sexismo, la homofobia y el heterosexismo son inseparables bien puede ser que la práctica antisexista sea imposible sin prácticas que reduzcan la ansiedad que parecen sentir lxs estudiantes ante la posibilidad de que se diga de ellxs que son gays o lesbianas, la ansiedad que produce no poder cumplir o alcanzar el ideal heterosexual de la masculinidad y la feminidad que sublimatoriamente redunda en chicos abusadores o chicas que se embarazan. Libros, lenguajes, contenidos curriculares, maneras de dar la clase, en la institución escolar todo transmite los correctos mensajes sobres los géneros adecuados, enseñando y aprendiendo y rara vez criticando. En ese sentido, la construcción de una autonomía sexual e identitaria se convierte en una cuestión crucial. Al decir de Fernández:
“El grado de autonomía de un sujeto singular es inseparable del grado de autonomía del grupo social al que pertenece. Es decir, que el grado de autonomía que una niña pueda desplegar dependerá de la autonomía posible de su grupo social y de aquella que las mujeres de la sociedad a la que pertenece hayan alcanzado…la autonomía de un grupo social no depende de la voluntad personal de quienes pertenecen a él” (Dossier. 2004: 35)
Y yendo más lejos redoblando esta apuesta, la autonomía de la adolescente escolarizada necesariamente, como los sentimientos, se tramita y se gestiona en relación y holísticamente con la de sus compañeros varones.

The Wall
Como trabajadores de las fábricas llamadas escuelas que desean devenir, delinear menos una moral que una ética (Deleuze. 2006) implica no sólo la puesta en juego de nuestra prerrogativa a elegir, y de afianzar nuestra capacidad para poder sostener esa elección, sino también la necesidad de respetar la adjudicación de valor que hacen otras y otros de su propio deseo; es decir, no se trata sólo de reconocer el valor para reconocer el lugar del propio deseo, sino además reconocer el deseo de esa otra que no somos nosotras y cómo se asume para cada una de nosotras. Si le otorgamos importancia a nuestro deseo, entendemos en primera instancia que debe tener completa "autonomía" -en el sentido de Castoriadis: la "autonomía" no puede pensarse nunca como completa o absoluta- y por eso necesita pensarse como "proyecto de autonomía", o de construcción de un horizonte político que propicie el desarrollo de una capacidad de elucidar crítica y concientemente la responsabilidad que decida asumir en su relación con una legalidad por la que me reconozco estructuralmente atravesada. Una subjetividad desde la cual recuperemos el derecho a decir cuál es el valor que esa legalidad que nos constituye tiene para nosotras (pero sin que deba determinarnos a priori o a posteriori). Un deseo que no rinda la propia singularidad al efecto de la masa hetero-social homogeneizante. Recordemos que esta autonomía es atribuida a un sujeto que es siempre social y que construye esos valores siempre con otras que reconoce en tanto singulares. A los fines prácticos del análisis, este trabajo coincide, aunque más no sea a la manera de los peldaños/certezas de Wittgenstein, con la noción de sujeto que tanto Althusser como Judith Butler elaboran en Aparatos Ideológicos del Estado y Mecanismos Psíquicos del Poder, respectivamente; o también en Tecnologías del Yo de Michel Foucault:
“Los individuos llegan a ocupar el lugar de sujeto (…) y adquieren inteligibilidad solo en tanto están, por así decir, previamente establecidos en el lenguaje (…) Ningún individuo deviene sujeto sin antes padecer sujeción o experimentar “subjetivación” (otra traducción del francés assujetissement) (…) Aunque se trata de un poder que es ejercido sobre el sujeto, el sometimiento es al mismo tiempo un poder asumido por el sujeto, y esa asunción constituye el instrumento de su devenir.” (Butler. 2001: 22).
La autonomía, entonces, se asocia a la capacidad de establecer una distancia crítica, evitando así vernos alienadas en su reproducción ciega e irreflexiva.
Intervenir en nombre de la transformación, entonces, significa precisamente irrumpir en lo que se ha convertido en conocimiento fijo y realidad cognoscible para usar lo que nuestra razón y nuestros sentidos y hasta nuestras intuiciones nos dicen acerca de lo que es esa realidad. En el debate por el poder de decisión y elección de aquellos cuerpos generizados la pregunta acerca de qué se entiende por autonomía emerge por sí sola. Aquí nos cabe también la pregunta en relación a nuestro tema sobre los alcances de este “proyecto”: ¿Autonomía: un estado de individuación a priori de las relaciones de dependencia del mundo de lxs otrxs? ¿O por el contrario, una heteronomía que permite establecer lazos de afinidad, afectividad, parentesco alternativo en familias estalladas, mutualidad, camaradería que no se basen en la sanción represiva del cuerpo, el deseo y la sexualidad adolescente? Luchar por la autonomía significaría desde esta última definición el luchar para trascender los límites instituidos que rigen el deber ser de nuestra sexualidad, y permita redefinir así los lazos de amistad y de amor, de mutualidad y de apoyo, incluso dentro de las experiencias a las cuales, como la escuela, no podemos escapar, sino a un muy alto precio. Esta ética está del lado de un compromiso principalmente con nuestro deseo (tramitado en autonomía en relación a la heteronomía como explicamos antes), de la responsabilidad y de la circulación de éste entre las personas y sus semejantes. Condiciones objetivas y subjetivas fundamentales para que la experiencia escolar deje de ser como en el relato del famoso pedagogo inglés A. S. Neill, famoso por su proyecto de escuela Summerhill:
“El niño amoldado, condicionado, disciplinado y reprimido, no libre, cuyo nombre es Legión, vive en cada rincón del mundo. Vive en nuestra ciudad, cruzando la calle. Se sienta en un aburrido banco de una aburrida escuela, y luego, se sienta en un escritorio aun más aburrido en una oficina o en una fábrica. Es dócil, tiende a obedecer la autoridad, teme la crítica, y es casi un fanático de su deseo de ser normal, convencional, y correcto. Acepta lo que se le enseña sin cuestionárselo, y le entrega todos sus complejos y frustraciones a sus hijxs.” (1951: 95).
La praxis política como trabajadora de escuela necesitará crear -y no simplemente recrear- la relación entre el uso y el lugar político del cuerpo en el marco de las (nuevas) sexualidades y sus prácticas. Admitir que esta praxis puede no regirse según una moral que tampoco ha sido construida por quienes solemos ser condenadxs a reproducirla. Admitir que la dictadura de la biología puede perder la potestad que nos obliga a reducir el uso de nuestro cuerpo sexual como entidad meramente reproductiva/reproductora de la especie y de un orden social dominante. Una praxis vital en constante fuga para que el arte de enseñar sea, como en el poema de René Char, El Molino, “el recinto donde el amor se arriesga, centellea y marca el paso”.


Bibliografía
Butler, Judith. 1997. Mecanismos Psíquicos del poder, teorías sobre la sujeción. Madrid: Cátedra.
----------------------. 1990. El género en disputa. Buenos Aires: Paidós.
----------------------. 2001. Cuerpos que importan. Argentina: Paidós.
Castoriadis, Cornelius. 1998. Lo Imaginario: la creación en el dominio histórico-social. Editorial Gedisa: Barcelona.
Deleuze, Gilles & Guattari, Felix. 1995. El Antiedipo. Barcelona: Paidós.
Deleuze, Gilles. 1991. “Posdata sobre las sociedades de control” en Ferrer, Ch. (comp.) El lenguaje literario. Buenos Aires: Terramar. pp: 115-123.
----------------- 1981. Spinoza: Filosofía Práctica. Barcelona: Tusquets.
Fausto-Sterling, Anne. 2001. Cuerpos Sexuados. Melusina: Madrid.
Foucault, Michel. 1997. La verdad y las formas jurídicas. Barcelona: Gedisa.
--------------- 1995.Vigilar y castigar, nacimiento de la prisión. México: Siglo XXI.
------------------ 1999. El orden del discurso. Barcelona: Tusquets..
-----------------1977. Historia de la Sexualidad. La Voluntad de Saber. Madrid: Siglo XXI.
Freire, Paulo. 2003. El grito manso. Bs. As.: Siglo XXI.
Kaës, René. 1987. “Realidad psíquica y sufrimiento en las instituciones”. En La institución y las instituciones. Estudios psicoanalíticos. México: Paidos.
Laquear, Thomas. 1996. La construcción del sexo. Cátedra: Madrid.
Lourau, René. 1975 El análisis institucional. Amorrortu.

Morgado, Graciela. 2004. Dossier de Género para la escuela Media. Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
Neill, Alexander Sutherland. 1951. Summerhill, a radical approach to child rearing. Hart Publishing Company: N.Y.

domingo, 20 de marzo de 2011

Charla posthumana este sabado!

Las Feriantas es una feria y es muy simple.

Las Feriantas se hace en Villa Urquiza el 4to sábado de cada mes. de 17 a 22 hs

Las Feriantas se encuentran este sábado 26 a las 17 hs en Altolaguirre 2388 y Monroe.

Las Feriantas incluye experiencias corporales de las más valiosas con ganas de compartir nuestros conocimientos, las cosas ricas o lindas que hacemos nosotras mismas autogestivamente, y de conocernos y conocerte.

Nos gusta la comida vegana (que no involucre ningún tipo de animal ni sus derivados en ella), la poesía, la música y las charlas. Te invitamos tanto a venir a participar con tu puesto, como a que vengas y nos conozcas.

El Cultural nos presta su espacio para que puedas venir a pasar la tarde con nosotras, comerte algo rico, conseguirte un vestido nuevo (o no tan nuevo...), o para que, en esta ocasión, escuches un conversatorio sobre Parto no Intervenido a cargo de la especialista en salud reproductiva y feminista María del Carmen Brion (18:30 hs), o una charla sobre Esquizo-análisis, Delueze & Guattari a cargo de Gustavo Melera del grupo www.posthumanxs.com.ar (20:00hs).

La entrada es totalmente libre y gratuita, pero te pedimos una colaboración a voluntad a la salida o entrada para apoyar El Cultural (donde se dan muchos talleres, que también te recomendamos!)

Antes de irnos a las 21:30: Constanza Carrazco, Lucio Greco y Leonor Silvestri leen poemas y también comparten sus libros.


Las Feriantas, el 4to sábado de cada mes en Altolaguirre 2388, esquina Monroe Villa Urquiza.

Gratis y autogestivo por la circulación de los bienes y los dones.

Podés venir en tu bici, o en el tren (Retiro- Suárez, estación Urquiza), 114, 107, 133, subte línea B hasta Los Incas (y caminás un poquito...)

lunes, 14 de marzo de 2011

Homo Sum

Entiendo por humanismo, el conjunto de discursos mediante los cuales se le dice al hombre occidental “si bien tu no ejerces el poder, puedes sin embargo ser soberano. Aun más: cuanto más renuncies a ejercer el poder y cuanto más sometido estés a lo que se te impone, más serás soberano.” El humanismo es lo que ha inventado paso a paso estas soberanías sometidas que son el alma (soberana sobre el cuerpo, sometida a Dios), la conciencia (soberana en el orden del juicio, sometida al orden de la verdad), el individuo (soberano titular de sus derechos, sometido a las leyes de la naturaleza o a las reglas de la sociedad), la libertad fundamental (interiormente soberana, exteriormenta consentidora y “adaptada a su destino”). En suma, el humanismo es todo aquello a través de lo cual se ha obstruido el deseo de poder en Occidente – prohibido querer el poder, excluida la posibilidad de tomarlo-. En el corazón del humanismo está la teoría del sujeto (en el doble sentido del término). Por esto, Occidente rechaza con tanto encarnizamiento todo lo que puede hacer saltar este cerrojo. Y este cerrojo puede ser atacado de dos maneras ya sea por un “des-sometimiento” de la voluntad de poder (es decir la lucha política en tanto que lucha clase), ya sea por un trabajo de destrucción del sujeto como pseudo-soberano (es decir, mediante el ataque “cultural”: supresión de tabús, de limitaciones y separaciones sexuales, práctica de la existencia comunitaria, deshinibición respecto a la droga, ruptura de todas las prohibiciones y de todas las cadenas mediante las que se reconstruye y se reconduce la individualidad normativa.


Michel Foucault, Microfisica del poder

viernes, 31 de diciembre de 2010

Felices fiestas, la casa está en orden!
























censo muerte & rock n roll

a mí también
casi se me partió el alma a la mitad
quedó colgando de unos hilitos

los hilitos son mi vieja
el barrio
la patria
los amigos

se sufre y se aguanta
se sufre y se aguanta

como mastico
como carne roja casi cruda
creo en dios
y soy peronista

y los veo agazapados
anarquistas
gorilas

escuchen esta voz
se acabó la resistencia

esta tarde no es como las otras

sopla un viento raro

esta noche néstor rompe el cerrojo de la muerte

como en un flash
se ve caminando por las callecitas
del cementerio

ahora está manejando un auto
y para zombi se lo ve bastante bien

la ruta se escapa iluminada por los faros

¿cuánto queda del genio estadista en este muerto vivo?

todavía no se sabe

el presidente maneja sin pausa
y tiene tanta suerte
que el auto que maneja
tiene un tanque extra
de euro diesel
así que no para ni para estirar las piernas
y las luces de buenos aires aparecen
un atardecer
un siglo después

lo guía destino
y es el destino de florencia peña
la que la pone de frente al zombi néstor
en una calle empedrada
cruzando

florencia ve que es él el que maneja
se queda paralizada
y cuando néstor baja del auto
y se le acerca
un calor se apodera de florencia
está vivo
gracias a dios
fue un mal sueño
el presidente está vivo

pero cuando lo tiene casi encima
florencia se da cuenta de sus malas intenciones
-hasta florencia peña vio alguna vez una película de zombis-

quiere rotar y salir disparando
pero el ya la tiene del pelo

clava uno de los dedos de la mano que tiene libre
en el ojo derecho de florencia
haciendo estallar el globo ocular
con un ruidito un poco cómico
pero no
súper terrible y gore

la mina grita como una descosida
mientras néstor
con bastante trabajo
la tumba sobre el pavimento
le escarba el gañote con las uñas
y al final abre un poco
y pega el mordisco

mastica
la carne cruda
de florencia peña
que todavía está viva
que ya no grita
ni nada

cordero de dios

florencia
los ojos de néstor se ven más claros
ahora que se alimentó de tu carne

parece
menos zombi

cuando se aleja en el auto
la calle se puebla de gente
y enseguida uno encuentra el cuerpo de florencia

cordero de dios



navidad

esta
es la primera navidad de cristina
sin néstor

en río gallegos
hacen la espera de una fiesta que no llega
porque el espíritu de néstor flota

entonces ellos ya están pensando en néstor
cuando borracho de sangre
entra pateando la puerta

florencia retrocede espantada
porque es la que está más cerca
y tira con el brazo el florero
unas flores tan lindas tenía

aparece por atrás enseguida
uno de seguridad
se acerca demasiado y pierde

máximo se aplasta contra la pared
está paralizado
no entiende nada
florencia corre hasta él

ahora néstor los mira
son sus hijos
y está ahí en el aire mariano también

decide masticarse primero al nene
gordo boludo
se sube a la mesa y quiere saltarle encima
pero entonces cristina
a lo michelle rodríguez
se arranca la camisa rosa
de una patada rompe una de las patas de la mesa
y entonces néstor trastabilla
rueda como un tronco

cristina se le para de manos
con ese pedazo de madera

néstor le hace el juego
recibe un par de golpes

cuando le araña la manga
cristina ya está perdida
le mete las manos en la boca
y le separa las mandíbulas
como king kong
como el hulk de ang lee

néstor se acerca a sus hijos
que están fundidos en una masa de mocos y saliva

lleva en la mano la pata de la mesa

primero aplasta el cráneo de uno
después el otro






nochevieja

la última noche del año
lilita
se arrincona en la cocina
y sola
con el resto de la familia en silencio en el comedor
se come un lechón entero

a veces entre bocados llora
o reza

los chicos ya no se acercan a la cocina
saben que la tía se pone mal

entonces lilita termina el lechón
y se va por la puerta de atrás
sube a su pieza privada

y sube despacio
le come el alma una sensación horrible
hoy siente que el año que se va
se lleva girones de su vida

abajo la familia se anima un poco
alguno se ríe

se acercan las 12 en el reloj
lilita se clava dos azulitas
y se cae como una piedra

y son las 12 en punto
y empiezan a sonar las explosiones
y las luces del cielo son tantas
que la pieza de lilita se enciende
y si ella pudiera ver esas luces
dormiría más tranquila

mientras las explosiones se amplifican
alvarito
de 8
se asoma a la puerta
y vuelve enroscado en el machete de néstor

los gritos y las explosiones se multiplican
la familia de lilita cae
de a uno
a veces de a dos

con las últimas cargas muere la última piba
borbotea un poquito todavía

y ya néstor está subiendo la escalera

lilita sigue dormida cuando la puerta se abre

sigue dormida cuando néstor le ata las piernas
y los brazos
con infames blusas que inundan el placard

cuando vuelve a este mundo
tiene una pelota de media en la boca
y un zombi al pie de la cama

el terror se apodera por completo de lilita
se mueve tan fuerte que la cama empieza a patalear
se lo ve a néstor contrariado

se acerca a ella

y la cama da saltos

levanta el machete por sobre su cabeza
y lo deja un ratito ahí

lilita se queda quieta
y acá viene lo raro
acepta su suerte

en sus ojos aparece algo
que antes no estaba

el zombi se da cuenta
y se las arregla para que el machetazo
le parta la cabeza a la altura de los ojos






By Lucio Greco. copyleft.

viernes, 10 de diciembre de 2010

zombies y genero y el entrecruzamiento con la raza


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Just close your eyes let me hypnotize U
I can make your storm feel your sky blue
when you're lost you know I’ll find you,
if I’m not beside you
I’m behind you

N.E.R.D. - Hypnotize U
http://www.facebook.com/l/eec68gpc50VQnNnbIvA4zv4pMjQ;www.youtube.com/watch?v=YM-41D89rdc&feature=related

Music video by N.E.R.D. performing Hypnotize U. (C) 2010 Star Trak,LLC

martes, 30 de noviembre de 2010

POSHUMX

POSHUMX


Como mirar el sol cada vez,  penetrar nuestros ojos en él a la vez que sus rayos penetran en los nuestros,  y en vuestra multiplicidad de fuerzas afectarnos mágica y apasionadamente de una vez por todas.  Nuestra presencia.px.

Posthumanos se dice y al mismo tiempo se hace. No se trata de un adjetivo que califique a un sujeto, no es un atributo dentro de un predicado. Ahí donde  se intentó hacer predicado, se conjugaron formas de vida para generar rupturas humanas sin conceptos, ni categorías  y, por tanto, sin ideologías. 
No se habla de un tránsito del sujeto moderno al sujeto postmoderno, pues la fantasía del sujeto ha sido desmantelada.
Jugamos al juego de la afectación autocrítica constante. Un juego para huir de la ficción de las definiciones. Un juego  con aperturas que nacen y mueren  y no dejan de insistir  en derribar las tramas del ser como sustancia para crear las tramas de un ser como performance.
Aquello que se llama “Hombre” ha  necesitado siempre  de significantes como analgésicos llámese asalariado, academizado, teñido  o familiarmente asignado  por  jurisprudencias.
Los binomios  agonizan, algunos  se han inmunizado y parecen estar cada vez más fuertes  como monstruos fenixos intentando revivir y apoderarse cual amo supremo o soberano de  los que  nacen, viven  y aún no han sido paridos.
En boga  y todavía con vestigios de los más duros e “invencibles” aparatos de captura de la modernidad, todos los seres, hombres, animales y plantas no cesamos  de pasar de un lugar a otro, a modo de una prisión trágica con ansias de libertad. Cualquier tipo de libertad atosigada por las grandes insituciones modernas (la familia, luego la escuela, el trabajo, el matrimonio y, por supuesto, el amor) sigue albergándonos y produciendo deseos.
El aparato “naturaleza versus cultura” nos presiona como enseñanza bíblica y científica. El Ser Social reza: no hables con los animales, las plantas, o piedras, pues eso ES la locura o el no pasaje a la cultura. Y ¡cuidado! Con tentarse con el deseo sexual y el cariño hacia otras especies, pues la tipificación repugnante no tardará en llegar como el mismo sello de fierro caliente con el que etiquetan al ganado.
Típicas abundancias de la modernidad pero que se coagulan por estos tiempos. Organizar la   producción, decidir la muerte y administrar la vida se licuan y condensan. No hay desvanecimiento o abolición porque la adaptación de viejas oposiciones del hombre y aquello que ante él se presenta siguen siendo enseñanzas por estos días a través de  diversas disciplinas. Afectan los cuerpos, los heteronormativiza.
Atacan de forma tangible -algunas más visibles que otras- las relaciones políticas del Imperio, imprimiendo en el hombre su SER como aquella sustancia inmutable que permanece y trasciende “naturalmente”.  Los agenciamientos despóticos se oponen a  que “lo extraño”, “la rareza”, el “trance” o lo “anormal” puedan ser formas  legítimas para abolir el estado y lo social,  presentándose aquella rareza y anormalidad como el contra-poder y el deseo autoproducido. Dar lugar a ello pareciera significar un  golpe bajo a la  identidad, al Ser como sustancia,  a la homogeneidad y cualquier forma de vida  que vilmente se transcriben y retranscriben con el principal fin: evitar el contra-poder y el deseo autoproducido.
Llegó el momento de huir, de pensar otras formas de vida y fugar de las anteriores. Es la hora de vivir de otros modos en los que nada tenga relación entre sí, en los que el caos y la inestabilidad no sean sujetos por los predicados anormales, en los que podamos hacer máquina con todos los objetos, y en los que nuestros modos de  afectación no reproduzcan la familia y el estado mayor. Es hora de devenir manadas.

  

viernes, 26 de noviembre de 2010

EL EFECTO PDG...

o la composición de un trío para la producción de una otra niñez Presentado en el III Encuentro de la Red Pikler Argentina.
19, 20 y 21 de noviembre de 2010

…no somos propiedad de nadie, ni siquiera de pequeñas:ni de nuestros padres ni de la sociedad. Las niñas sólo pertenecen a su propia libertad futura. Libertad, de todas formas, en potencia, que aún aguarda la conciencia plena y su realización basada en el sentimiento de la propia dignidad y en un auténtico respeto por la libertad y la dignidad de los otros.
Mijail Bakunin

“La mujer no quiere seguir siendo la productora de una raza de seres humanos enfermos, débiles, decrépitos y miserables, que no tienen ni la fuerza ni el valor moral de sacudirse el yugo de su pobreza y de su esclavitud.”
Emma Goldman

“Algunos dicen que el remedio se hallaría en la abolición radical de la familia; la abolición de la pareja sexual más o menos estable, reduciendo el amor al solo acto físico o, mejor dicho, transformándolo, con el añadido de la unión sexual, en un sentimiento semejante a la amistad, un sentimiento que reconozca la multiplicación, la variedad, la simultaneidad de los afectos. ¿Y los hijos...? Hijos de todos.”

Enrico Malatesta



Antes que nada, un ejercicio de transparencia: mi encuentro con Emmi Pikler no se produce en el marco de una investigación sistemática ni de una lectura exhaustiva de su obra. Tampoco resulta efecto del ineludible proceso autocrítico que compone mis vínculos construidos cotidianamente con las niñas , más acá de la singularidad contextual a través de las cuales dichas relaciones adquieren su propia consistencia y especificidad. Mi afectación con Pikler acontece, podríamos decir azarosamente, en el campo de la pura experiencia que compone los devenires de un vínculo de afinidad – relación de pareja dirán algunas – con una practicante activa de los principios piklerianos en la institución que cofundara hace casi una década.
Por cierto que mi práctica de la psicología – tanto en su vertiente clínica como institucional – resulta un campo fecundo para que la experiencia en Lóczy prenda como chispa en la pólvora. Pero no se trata de un encuentro “interdisciplinario”, sino más bien de la composición de un trío intenso y poderoso. Me refiero a lo que denominaré como el efecto PDG, sigla que condensa a Emmi Pikler con Gilles Deleuze y Félix Guattari.
El efecto PDG consiste – y será este uno de los objetivos del presente trabajo – en la producción de una serie de conexiones y articulaciones entre la obra y la práctica de Pikler, y las apuestas de Deleuze y Guattari para promover y activar procesos de subjetivación exteriores a los instituidos socioculturales, a través de una multiplicidad de tareas que los autores denominarán como esquizoanálisis, en su primer texto escrito a cuatro manos, El Antiedipo, y en su continuación, Mil Mesetas. Resaltaré aquí particularmente una de dichas tareas, a primera vista negativa pero cargada de positividad, como lo es la crítica implacable a la concepción del sujeto psicoanalítico como producto de una carencia constitutiva y por ello inevitable. Tanto la maquinaria edípica freudiana como la semiótica lacaniana conformarán un inconsciente plagado de representaciones paranoicas y significantes despóticos – si no dejas de desear a tu madre, tu padre en tanto representante de la Ley pondrá en juego su poder y experimentarás el sentimiento de castración – reduciendo el deseo al mero producto de coordenadas familiaristas y configuraciones subjetivas predeterminadas.
Cabe señalar que antes de Melanie Klein el psicoanálisis apeló a la niñez exclusivamente para dar cuenta de la subjetividad adulta. Nunca abordó concretamente las problemáticas de la niñez de la época. El famoso relato del pequeño Hans, citado hasta el cansancio en los foros psicoanalíticos, está basado en las cartas que el padre de la niña enviaba a Freud, detallando los síntomas “fóbicos” de su hija. Ello bastó a Freud para plantear una tesis universal de las fobias infantiles. A su vez, las fantasías primarias eran construidas para reforzar la tesis edípica, siempre a través de la interpretación del discurso de pacientes adultas. En este sentido Deleuze y Guattari plantearán con acierto en El Antiedipo que “Edipo es primero una idea de paranoico adulto, antes de ser un sentimiento infantil de neurótico” (283:1972).
Por su parte, no se conoce a través de ninguna de las biografías de Jacques Lacan trabajo alguno con niñas. En la misma línea del maestro Freud, apelará a la producción de una niñez que resulte funcional al discurso y la práctica psicoanalíticos. El inconsciente dejará de ser un cúmulo de representaciones que componen la novela familiar para devenir un espacio lleno de la pura lógica del régimen significante. La familia imaginaria se disuelve en un conjunto de operaciones simbólicas de constitución subjetiva, pero la operación decisiva del significante del Nombre del Padre funda la entrada en el mundo del deseo y la cultura. En su exterior sólo queda la locura y el desierto. No sorprende que uno de los latiguillos de los psicoanalistas equipare al cuerpo de un bebé recién nacido con tres kilos de carne. Pues sólo se trata de un objeto, un cuerpo vacío que debe investirse con el baño de los significantes como condición para devenir sujeto.
La positividad de la tarea esquizoanalítica deriva en una concepción materialista, funcionalista y creacionista del deseo, el inconsciente y la subjetividad. Quizá comience a intuirse la importancia del esquizoanálisis como una posible aliada de Emmi Pikler en la tarea de composición de otros campos de subjetivación para la niñez.
Pero comencemos por el contexto sociohistórico que posibilita la emergencia de Emmi Pikler. El fin de la segunda guerra mundial deja un legado de ruinas y devastación en toda la región europea. Las ciudades están plagadas de niñas huérfanas, hambrientas y libradas a su suerte. Sólo un contexto de urgencia social pudo posibilitar la convocatoria del inminente Estado-satélite-húngaro de la Unión Soviética a una pediatra cuyas prácticas no negarían específicamente a la familia nuclear burguesa, sino a la institución familiar stricto sensu como campo de docilización de los cuerpos y los deseos.
Si bien la tarea de Pikler no se inicia propiamente en Lóczy, será la convocatoria del estado húngaro la que posibilitará un proyecto institucional que considero revolucionario. No es casual que a poco de iniciado, se redujeran tanto las derivaciones de niños como los subsidios estatales a su proyecto. En este punto cabe apelar al institucionalismo para señalar a Lóczy como un analizador social. Para Gregorio Baremblitt, el institucionalismo remite a “un conjunto heterogéneo, heterológico y polimorfo de orientaciones, entre las cuales es posible encontrar por lo menos una característica común: su aspiración a deflagrar, apoyar y perfeccionar los procesos autoanalíticos y autogestivos de los colectivos sociales”. (11:2002) Una de estas orientaciones, el Socioanálisis, ha planteado el concepto de analizador para intervenir en los procesos de transformación de las instituciones. Un analizador puede definirse como un sujeto, situación o grupo que produce un acontecimiento de ruptura y conmoción sobre un plano de fuerzas actuantes determinado, modificando drástica e irreversiblemente sus mutuas relaciones y articulaciones. Dicho plano podrá referir a un grupo, una institución, una comunidad o una región; pero todos ellos operan por racionalización y totalización, sutura y síntesis. Exceso de sentido. El analizador se constituye como tal en tanto procede por apertura y análisis, corte que revela el componente mítico de una unidad territorial de ficción. Producción de un otro sentido, incluso de sinsentido, el analizador es mucho más que un mero acto de “hacer hablar” a la institución a través de lo anteriormente impensado y naturalizado. Produce un saber hacer que posibilita las condiciones previas al surgimiento de una verdad. Verdad que no es otra que la de la producción deseante, liberadora de una multiplicidad de flujos libidinales. El analizador da cuenta, en última instancia, de formas inéditas de procesos de subjetivación, que fugan de las capturas del estado o de sus ramificaciones – la familia, la escuela, la fábrica, la organización.
Diversas investigaciones históricas han demostrado que la institución familiar moderna es una construcción relativamente nueva, cuya composición resulta indisociable tanto del modo de producción capitalista como de las posteriores formaciones burocrático-totalitarias. Dicho contexto requerirá en el mismo sentido el montaje de nuevos dispositivos de regulación social, entre los cuales la invención de la niñez ocupará un lugar central para las nuevas formas de estratificación y división social del trabajo. Asistimos a la conformación de una segmentaridad lineal progresivo-evolutiva del deseo – entendido como una producción de subjetividad histórico-social – traducida brillantemente en el enunciado de René Lourau: “La fábrica es una escuela, una dura escuela para los individuos a quienes la sociedad priva de escuela tan pronto abandonan la infancia. La fábrica es una cárcel, una cárcel donde no se obliga a entrar y donde no se retiene a nadie, pero donde ciertos individuos se ven obligados a ingresar por la “lógica” del origen social, de la herencia cultural y de la selección escolar” (12:1975). Dicha segmentaridad lineal familia-escuela-fábrica se articula con una de carácter circular concéntrica – casa-barrio-región-nación – y con la más peligrosa, de carácter binario: hombre-mujer, masculino-femenino, animal-humano, naturaleza-cultura, salud-enfermedad, cuerpo-mente…y la que focalizaremos particularmente, niño-adulto.
Las máquinas sociales binarias funcionan según el principio de identidad y exclusión. Eres un niño en tanto no eres un adulto. El ser y el no-ser producen una soldadura de sentido, sobrecodificando las potencias y los devenires de los procesos de subjetivación en pares de oposición universales y masculinizantes. El niño es un adulto en potencia, pero las prácticas médicas y pedagógicas sobre los cuerpos infantilizados calcificarán a la niñez como un sujeto de carencia, irresponsable, ignorante, dependiente…en el caso de la niñez desamparada, la producción de carencia se duplica. Sin autodeterminación y sin familia.
No es casual que una de las primeras medidas de Pikler fuera despedir a las “cuidadoras” que permanecían en Lóczy antes de su llegada. Podemos considerar que poner de cabeza las prácticas de crianza instituidas exigía la formación de nuevos cuadros micropolíticos, si asumimos que la jerarquía instituida niño-adulto compone una relación de poder de la segunda sobre la primera. En este punto Pikler demostrará – como lo hiciera nuestra querida Emilia Ferreiro respecto de los procesos de aprendizaje – que las prácticas de crianza y los procesos de autonomización e independencia de las niñas deben ser analizadas como vectores de subjetivación transversales a las estratificaciones y clases sociales. La posición social, económica o cultural de las familias no garantiza mejores vínculos con las niñas; por el contrario, Pikler observó con ojo magistral que las niñas callejeras poseían un dominio del cuerpo y de sus potencias mucho más intensos que las niñas caseras de “buena Familia”.
Si tenemos en cuenta lo reseñado, las prácticas de crianza a las que apuesta Pikler conforman un territorio y una concepción de la subjetividad que permiten dos movimientos heterogéneos pero complementarios e indisolubles: la fuga de concepciones estructural-familiaristas y la conexión con posicionamientos esquizos, en tanto es posible componer una máquina de tres planos:

- una línea materialista, pues los modos de encuentro entre los cuerpos de las cuidadoras y las niñas se componen en el marco de un dispositivo integral de cuidado y respeto a la singularidad, por fuera de toda concepción abstracta y dogmática de la niñez. La diferencia entre niñas y adultas consiste sólo en sus grados de potencia, las materias que componen su corporeidad variarán sus intensidades pero no su naturaleza. Michel Foucault sostenía que los discursos disciplinarios producían sus sujetos a través de prácticas concretas de subjetivación sobre los cuerpos y los deseos. Denominó como biopolítica al conjunto de técnicas y aparatos de control que regulaban la vida del cuerpo como especie, a través del poder de hacer vivir o dejar morir. La pediatría surgirá como especialidad médica que regulará no sólo la salud y la enfermedad, sino que producirá la niñez como la conocemos actualmente, cuerpos vacíos dispuestos a ser llenados de motivaciones, estímulos, objetos y sustancias diversas. Toda una pedagogía de la crianza que determinará – más exactamente, producirá – los deseos, los comportamientos, la sexualidad y la relación con los padres, maestros y cualquier figura que represente una autoridad a la cual la niña deberá someterse. Cuerpos llenos de obediencia y docilidad. En este sentido no parece descabellado entender a las prácticas de Lóczy como un contrapoder: a través de un encuadre a primera vista homogéneo respecto de los tiempos, cuidados y alimentación de cada niña, favorece que todas las niñas autogestionen las rítmicas de sus deseos y sus cuerpos en función de una procesualidad subjetiva material siempre en curso, siempre en constante devenir, siempre en proceso de singularización. Resulta clave para Pikler la noción de movimiento libre, exterior a una lógica de las posturas y los estados. La lógica postural es inescindible de una pedagogía intervencionista, la lógica del movimiento libre resulta indisociable de una contrapedagogía libertaria.

- un vector funcionalista, en tanto los procesos de subjetivación no pueden conformarse sino a través de verdaderas máquinas de contracrianza, donde las constantes revisiones, autocríticas y remodelaciones de las prácticas cotidianas de cuidado se fundan en un permanente cómo hacer, cómo funciona, qué produce en la materialidad de las situaciones concretas en los encuentros cotidianos con las niñas. El qué hacer estaba claro para Pikler desde un principio: aportar a una biopolítica de la niñez exterior a los equipamientos institucionales clásicos.

- un conector estético-creacionista, si planteamos que el analizador Lóczy disuelve la identidad cristalizada de la niñez como entidad carente no formada. La contracrianza requiere un abandono de las subjetivaciones molares y totalizantes de la niñez, restringiendo las prácticas de cuidado a vectores de subjetivación parcial. Si las niñas son personas, para qué apelar a la repentina ecolalia estupidizante cuando hablamos con ellas, para qué acercarnos a cinco centímetros de su rostro y transformarnos en payasos? El famoso baño de Tünde debería llamarse un cuerpo es bañado por otro cuerpo; uno no deviene sin el otro, el acto del baño los constituye y no a la inversa. Allí se conforma un encuentro en la experiencia misma del bañarse, posibilitando afectaciones tiernas y alegres en un paisaje común, compuesto a partir de lo que Pikler llamó las acciones mutuamente modificantes, toda una definición del devenir. Tünde sabe las fases del baño, sencillamente porque se le transmite – a través del contacto cuerpo a cuerpo, de los algodones que higienizan pero también acarician – con anticipación cada una de ellas, condición ineludible para que Tünde se bañe con la cuidadora, quien no deja de vincularse con la niña también a través de la palabra. Noción diferente a la de lenguaje o discurso, pues nada nos impide rescatar que Tünde también habla, aunque sus diversos lenguajes guturales, gestuales y corporales deban incorporarse en una semiótica exterior al despotismo del régimen de signos significante. Las personas adultas olvidan que el noventa por ciento del lenguaje es de naturaleza no verbal, abonando las condiciones del fracaso repetido de la comunicación para poder entendernos. Hablar con los niños supone el ejercicio de una práctica discursiva definida por su multiplicidad y su performatividad: el baño de Tünde se hace en las prácticas microscópicas que conforman un devenir del bañar.

La eficacia de las máquinas de contracrianza conformadas a partir del efecto PDG no se reduce a los acoplamientos más o menos exitosos entre los planos materiales, funcionales y estéticos. Posibilita la reinvención y modelización permanente de sus engranajes y de los flujos deseantes que los recorren. En este sentido, es preciso advertir que el planeta mundo que habitamos difiere sustancialmente del que viviera Pikler en Lóczy. El fin de los grandes relatos de la Modernidad y la globalización del capitalismo postfordista financiero en un mundo multipolar – entre muchos otros indicadores de una mutación sociohistórica irreversible – introducen a una infinidad de nuevas problemáticas para la niñez en particular y para los procesos de subjetivación en general.
Pikler debió trabajar en una macropolítica de la intervención, en función de una urgencia social que exigía un conjunto de prácticas de recomposición subjetiva de la niñez desamparada. Con todo, su experiencia en Lóczy no contó con un apoyo proporcional a la importancia del proyecto institucional, ni mucho menos con la replicación de su metodología a las múltiples agencias estatales vinculadas con la promoción de mejores formas de vida para las niñas. Lejos de minimizar sus efectos, lo dicho refuerza la hipótesis que recorta Lóczy como un analizador social, desde la posguerra hasta la actualidad.
Cumplida la primera década del siglo XXI, la niñez ha sufrido una serie de transformaciones determinantes, entre las cuales resulta ineludible citar la subjetivación de las niñas como consumidoras, la mutación de las instituciones que conformaban la infancia clásica de la modernidad – escuela, trabajo, familia – en el marco de la informatización de la producción y la transición de las sociedades estatales disciplinarias hacia las sociedades biopolíticas de control global. Al devenir sujetos de consumo, las niñas padecen la inclusión prematura en el mundo de los objetos satisfactores de deseo, cuya función consiste en la producción continua de necesidad. La conformación de un mercado para la infancia posibilita un proceso de adultización de la niñez: la independencia y la autonomía devienen conceptos vaciados de potencia y sentido, el movimiento libre y la capacidad de estar solo se transforman en soledad, cubierta con la hiperestimulación y una falsa libertad de elección.
Si las condiciones sociohistóricas no son las mismas que habitó Emmi Pikler, los dispositivos deberán igualmente sufrir una mutación. Considero que la misma debiera consistir en una micropolítica de la deserción, en función de una esclerosis social que exige la conformación de un conjunto de prácticas de descomposición subjetiva de las infancias sobrecodificadas.
La deserción supone el trazado de líneas de fuga no sólo del hospitalismo sino de la institución hospitalaria, no sólo de las pedagogías conservadoras sino de la institución escolar, no sólo de los familiarismos despóticos sino de la institución familiar. Pues las perspectivas institucionales críticas han develado que el hospital produce patología, la escuela produce disciplina y la familia sometimiento. Sus aparentes desviaciones o exacerbaciones son sólo diferencias de modulación, no serían posibles sin las estructuras que sostienen a todas ellas y cuya función consiste no más que en reproducirse al infinito.
Se tratará igualmente de una fuga de los grandes conjuntos molares instituidos que sostienen una macropolítica del conflicto – familia, salud, educación disfuncionales – que justificarían una intervención normalizadora. Una micropolítica supone por el contrario la composición de procesos moleculares de singularización individuales, grupales y colectivos, a través de la proliferación y diseminación de prácticas anómalas de descodificación, no sólo de la niñez capturada en el consumo y la enajenación adultizante, sino de nuestra propia condición de adultos obedientes y sobreadaptados a las regulaciones del poder instituido.

La contracrianza entonces, deberá conformar sus dispositivos en función de un principio de inmanencia, para evitar la caída en posiciones dogmáticas o determinismos trascendentalistas. Mantener la fidelidad a los preceptos de su fundadora, lo que supone una feliz paradoja: continuar las trayectorias de Pikler supone tomar activamente un conjunto de iniciativas, que posibiliten una conformación independiente y autónoma de las prácticas, generando movimientos libres de cualquier fundamento apriorístico, inclusive y sobre todo los de Pikler. Pues cabe imaginar que sería la primera en ofuscarse si supiera que sus propuestas sólo han devenido calcos, puras reproducciones de una unidad originaria. La composición del efecto PDG pretende fugar de los calcos para trazar nuevas cartografías de la niñez contemporánea, exteriores a las formas rígidas del hospitalismo y la institucionalización. Pero también por fuera de las subjetivaciones consumistas de la propagación global, que degluten a la niñez tras la ficción de un igualitarismo zombificante. En algún lugar, Pikler sonríe aliviada. Desobedecemos, y en ese acto devenimos autónomos, independientes y libres.


Bibliografía

Deleuze, G. y Guattari, F.: El Antiedipo. Capitalismo y esquizofrenia. Paidós. 1973.
Mil Mesestas. Pre-Textos. 1988.
Falk, J.: Mirar al niño. La escala de desarrollo. Instituto Pikler (Lóczy). Ediciones Ariana. 1997.
Foucault, M.: Historia de la sexualidad. Tomo I. La voluntad de saber. Siglo XXI. 1977.
Lourau, R.: El análisis institucional. Amorrortu. 1975.
Pikler, E.: Iniciativa – Competencia. Importancia del movimiento en el desarrollo de la persona. 1988.
Moverse en libertad. Narcea Ediciones. 1985.